Bendición Año Nuevo

BENDICIÓN DE AÑO NUEVO
✮ Que tu visión interior sea transformada para que puedas ver más claramente tu propio viaje con toda la humanidad como un viaje de paz, esperanza y unidad .

✮ Que tu Dios sea alguien en el que te puedas apoyar en os momentos débiles y dolorosos. Que conozcas a Dios como tu roca, tu refugio, tu fuerza, tu consuelo y apoyo .

✮ Que seas consciente de todos los lugares por los que te llevan tus pies en el nuevo año. Que sepas escuchar al mensajero que anuncia la buena noticia .

✮ Que no tengas miedo a las preguntas que oprimen tu corazón y tu mente. Que las acojas y esperes pacientemente el día en que encontrarán contestación .

✮ Que seas el que da la bienvenida con una sonrisa a los que estrechen tu mano.

✮ Que sea tuyo el regalo de la reverencia por todas las cosas creadas. Que te enfrentes con valentía y entusiasmo a la responsabilidad de preservar y cuidar la belleza de la tierra .

✮ Que el manantial de la compasión mane profundamente dentro de ti hasta que puedas probar las lágrimas de tus hermanos

✮ Que te despiertes cada mañana con la acción de gracias en tus labios y en tu corazón, reconociendo que todo es don, que todo es bendición .

✮ Que tu amistad con Dios sea fuerte y sana. Que ese amor sea a la vez consuelo y reto mientras luchas por encontrar el camino este año .

✮ Que tu espíritu esté abierto y alerta para descubrir la voluntad de Dios para ti.

✮Que tu oración sea de sabiduría, orientación y profundo entendimiento del camino de Dios para ti

✮Que tu vida este año sea un regalo para Dios.

Una buena ama de casa, ¿quién la encontrará?

PROVERBIOS 31,10-31

Una buena ama de casa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas.
El corazón de su marido confía en ella  y no le faltará compensación.                    
Ella le hace el bien, y nunca el mal, todos los días de su vida.                                
Se procura la lana y el lino,  y trabaja de buena gana con sus manos.
Es como los barcos mercantes: trae sus provisiones desde lejos.
Se levanta cuando aún es de noche,  distribuye la comida a su familia y las tareas a sus servidoras.                        

Tiene en vista un campo, y lo adquiere,  con el fruto de sus manos planta una viña.
Ciñe vigorosamente su cintura y fortalece sus brazos para el trabajo.
Ve con agrado que sus negocios prosperan,  su lámpara no se apaga por la noche.      
Aplica sus manos a la rueca  y sus dedos manejan el huso.                                    
Abre su mano al desvalido  y tiende sus brazos al indigente.                                 
No teme por su casa cuando nieva,  porque toda su familia tiene la ropa forrada.      
Ella misma se hace sus mantas,  y sus vestidos son de lino fino y púrpura.                  
Su marido es respetado en la puerta de la ciudad, cuando se sienta entre los ancianos del lugar.
Confecciona telas finas y las vende,  y provee de cinturones a los comerciantes.          
Está revestida de fortaleza y dignidad, y afronta confiada el porvenir.                         
Abre su boca con sabiduría y hay en sus labios una enseñanza fiel.                            
Vigila la marcha de su casa y no come el pan ociosamente.                                        
Sus hijos se levantan y la felicitan,  y también su marido la elogia:                              
“¡Muchas mujeres han dado pruebas de entereza, pero tú las superas a todas!”.          

Engañoso es el encanto y vana la hermosura: la mujer que teme al Señor merece ser alabada
Entréguenle el fruto de sus manos y que sus obras la alaben públicamente.

La mujer ajena

PROVERBIOS 5,1-23.6,20-7,23

Hijo mío, atiende a mi sabiduría, inclina tu oído a mi inteligencia,
para que guardes la debida discreción y tus labios conserven la ciencia.
Porque los labios de la mujer ajena destilan miel y su paladar es más suave que el aceite,
pero al final, ella es amarga como el ajenjo, cortante como una espada de doble filo.
Sus pies descienden a la Muerte, sus pasos se precipitan en el Abismo;
ella no tiene en cuenta el sendero de la vida, va errante sin saber adonde.

Por eso, hijos, escuchadme y no os apartéis de las palabras de mi boca.
Aleja de ella tu camino y no te acerques a la entrada de su casa,
no sea que entregues a otros tu honor y tus años, a un hombre cruel;
que gente extraña se sacie con tu fuerza y tus trabajos vayan a parar a casa ajena,
y que al fin tengas que gemir, cuando estén consumidos tu cuerpo y tu carne.
Entonces dirás: “¿Cómo aborrecí la instrucción y mi corazón despreció las advertencias?
Yo no escuché la voz de mis maestros ni atendí a los que me enseñaban.
Faltó poco para que estuviera en el colmo de la desgracia, en medio de la asamblea y de la comunidad”.

Bebe el agua de tu cisterna y la que fluye de tu propio pozo. Que tus fuentes no se dispersen hacia afuera ni tus corrientes de agua, por las calles. Que ellas sean para ti solo y que no haya extraños junto a ti.
¡Bendita sea tu fuente, y encuentra tu alegría en la mujer de tu juventud, cierva amable, graciosa gacela!
Que en todo tiempo te embriaguen sus amores y estés siempre prendado de su afecto.
Hijo mío, ¿por qué te dejarás prendar por la mujer ajena y abrazarás los pechos de una extraña?
Los caminos del hombre están bajo la mirada del Señor y él tiene en cuenta todos sus senderos.
El malvado será presa de sus propias faltas y quedará atrapado en los lazos de su pecado.
Morirá por falta de instrucción y se extraviará por su gran necedad.

Observa, hijo mío, el precepto de tu padre y no rechaces la enseñanza de tu madre.
Átalos a tu corazón constantemente, anúdalos a tu cuello.

Que ellos te guíen mientras caminas, que velen sobre ti cuando estás acostado, y conversen contigo cuando despiertas.
Porque el precepto es una lámpara, la enseñanza, una luz, y las reglas de la instrucción, un camino de vida,
a fin de preservarte de una mala mujer y de la lengua seductora de una extraña.
No codicies su hermosura en tu corazón ni te dejes cautivar por sus miradas.
Porque el precio de una ramera es un mendrugo de pan, pero una mujer casada anda a la pesca de una vida lujosa.
¿Puede un hombre ponerse fuego en el pecho sin que se inflame su ropa?
¿Se puede caminar sobre brasas sin quemarse los pies?
Eso le pasa al que se acuesta con la mujer de su prójimo: el que la toque no quedará impune.
¿Acaso no se desprecia al ladrón, aunque robe para saciar su apetito cuando tiene hambre?
Una vez descubierto, paga siete veces y tiene que entregar todos los bienes de su casa.
El que comete adulterio es un insensato, se arruina a sí mismo el que obra así:
lo que conseguirá son golpes e ignominia, y su oprobio nunca se borrará.
Porque los celos enfurecen al varón, y no tendrá compasión en el día de la venganza;
no aceptará ninguna compensación, ni querrá saber nada aunque quieras darle más.

Hijo mío, observa mis palabras  y atesora mis mandamientos.
Observa mis preceptos, y vivirás, guarda mi enseñanza como la pupila de tus ojos.
Átalos a tus dedos, escríbelos sobre la tabla de tu corazón.
Di a la Sabiduría: “Tú eres mi hermana”, y llama “Amiga” a la Inteligencia,
para preservarte de la mujer ajena, de la extraña que se vale de palabras seductoras.

Mientras yo estaba a la ventana de mi casa, miré a través de mi reja, y vi entre los incautos, divisé entre los adolescentes a un joven falto de juicio, que pasaba por la calle, junto a la esquina, y se dirigía hacia la casa de ella,
en el crepúsculo, al caer el día, en medio de la noche y la oscuridad.
De pronto, le sale al paso esa mujer, con aire de ramera y el corazón lleno de astucia:
es bulliciosa, procaz, sus pies no paran en su casa;
unas veces en las calles, otras en las plazas, está al acecho en todas las esquinas.
Ella lo agarra, lo cubre de besos, y le dice con todo descaro:
“Tenía que ofrecer sacrificios de comunión, hoy mismo he cumplido mis votos;
por eso salí a tu encuentro, ansiosa por verte, y te encontré.
He cubierto mi lecho con mantas de telas multicolores, de hilo de Egipto;
he perfumado mi cama con mirra, con áloes y cinamomo.
¡Ven! Embriaguémonos de amor hasta la mañana, entreguémonos a las delicias del placer.
Porque mi marido no está en casa, ha emprendido un largo viaje,
se llevó la bolsa del dinero, no volverá hasta la luna llena”.
Así lo persuade con su gran desenvoltura, lo arrastra con sus labios seductores.
En seguida, él la sigue, como un buey que es llevado al matadero, como un ciervo que cae en el lazo,
hasta que una flecha le atraviesa el hígado, como un pájaro que se precipita en la trampa, sin advertir que está en juego su vida.
Y ahora, hijo mío, escúchame, y presta atención a las palabras de mi boca:
que tu corazón no se desvíe hacia sus caminos, que no se extravíe por sus senderos,
porque son muchas las víctimas que ella hizo caer,y eran fuertes todos los que ella mató:
su casa es el camino del Abismo, que baja a las cámaras de la Muerte.

En la noche

“La noche se desploma inevitable sobre la infinitud de mi nostalgia. Siento su pesadumbre caer en silencio sobre la herida sangrante y un escozor del alma en carne viva me estremece, mientras un sordo llanto, sin lágrimas, inunda mis venas de una amargura cenicienta. Siento el hastío de las horas sin lucha, de las batallas sin terminar, de los sentimientos amordazados, de las luces que no amanecieron…  Su presencia informe gira lenta alrededor mío, como el ciego caminar del asno recorriendo la pisoteada circunferencia, cuando antaño hacía brotar el agua con la noria en el huerto del señor Carranza.

Hay muchas estrellas mirándome. Las miro y quiero hablar con ellas y ellas, conmigo. Pero ya no entiendo su lenguaje, su lenguaje cósmico cargado de respuestas luminosas. Un sopor intenso envuelve el paisaje roto de mi alma y me veo sumergido en la estúpida hipnosis de una extraña droga. No hay ensueños placenteros ni pesadillas angustiosas. Es un sueño tibio,  sin sabor ni color;  es un sueño mudo, un letargo de tumba olvidada.”

De “La herida”

EN LA TUMBA DE DON QUIJOTE

“Ahora quieres ir al sepulcro del Caballero de la Locura y deshacerte allí en lágrimas, consumirte en fiebre, morir de sed de océanos, de hambre de universos, de morriña de eternidad.” (Miguel de Unamuno)

Me duele mi don Quijote,

mi  don Quijote del alma,

el de la Santa Locura…

Quisiera en su sepultura

resucitar mil varones

con embriaguez de aventuras.

Me duele mi Sancho amable,

mi Sancho que llora y llora

sobre la losa de piedra…

Quisiera ceñir de yedra

-¡ay, don Miguel de Cervantes!-

su corazón de poeta.

Me duele el rocín alado,

el rocín de de mis deseos

y de mis ansias sin tino…

Quisiera que mi destino

volara, cometa blanco,

dejando estelas de brillo.

Me duele mi Dulcinea,

mi Dulcinea encantada

en las praderas del Cielo…

Quisiera rasgar el velo

que, impertinente, me cela

del amor lo verdadero.

Me duele soñar castillos,

castillos que son posadas

en mi camino sin ruta…

Quisiera hundirme en la gruta,

como fantasma perdido,

de mi nocturno sin luna.

Me duele matar gigantes,

gigantes que son molinos

y me trituran el alma…

Quisiera encontrar la calma

bajo el divino sombraje

de las divinas Palabras.

Me duele, mi Dios, la noche,

la noche que lleva al día

de un amanecer de muerte…

Quisiera salir a verte

por los senderos de un bosque

entre apretados cipreses.

De mi colección “Entre la angustia y la Esperanza”

MUL MANTRA

CANTICO DEL HERMANO SOL

T

Cántico del hermano Sol

Altísimo, omnipotente, bondadoso Señor,

Tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;

Tan solo tú eres digno de toda bendición,

Y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.

Loado seas por toda criatura, mi Señor,

Y en especial loado por el hermano sol,

Que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,

Y lleva por los cielos noticias de su autor.

Y por la hermana luna, de blanca luz menor,

Y las estrellas claras que tu poder creó,

Tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,

Y brillan en los cielos: ¡Loado mi Señor!

Y por la hermana agua, precisa en su candor,

Que es útil, casta, humilde: ¡Loado mi Señor!

Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,

Y es fuerte, hermoso, alegre: ¡Loado mi Señor!

Y por la hermana tierra que es toda bendición,

La hermana madre tierra, que da en toda ocasión

Las hierbas y los frutos y flores de color

Y nos sustenta y rige: ¡Loado mi Señor!

Y por los que perdonan y aguantan por tu amor

Los males corporales y la tribulación:

¡Felices los que sufren en paz con el dolor,

Porque les llega el tiempo de la consolación!

Y por la hermana muerte: ¡Loado mi Señor!

Ningún viviente escapa de su persecución;

¡Ay si en pecado grave sorprende al pecador!

¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

¡No probarán la muerte de la condenación!

Servidle con ternura y humilde corazón.

Agradeced sus dones, cantad su creación.

Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén

San Francisco de Asís

Amor, amor, amor…

Amor, amor, amor…
Sólo sé decir amor.
Pasión, pasión, pasión…
Sólo sé decir pasión.

Amor de hombre y de mujer,
amor embravecido como el vendaval,
como el mar enloquecido por la tempestad.

Amor de hombre…
¡Ay, amor!
Amor de mujer…
¡Ay, amor!

Pasión de hombre y de mujer,
pasión enardecida como el huracán,
como el agua enfurecida por el temporal.

Pasión de hombre…
¡Ay, pasión!
Pasión de mujer…
¡Ay, pasión!

Nuestros corazones laten desbocados
y un fuego los abrasa
sin consumirlos
como la zarza
que Moisés miró.
¡Ay, amor!… ¡Ay, pasión!
¿Cuándo el tiempo
cumplirá su misión?
¿Cuándo acabará la espera y el dolor?
¿Cuándo, al fin, tú y yo…?
¿Cuándo, cuándo el sello en nuestro corazón?
¿Cuándo la noche
nos arropará a los dos
fundidos, prendidos, cosidos en un fuego dulcemente abrasador?

De mi colección “Diario de un amor muerto y sepultado”

Nada te turbe, nada te espante…

MANUAL PARA SER NIÑO

Manual para ser niño
 

Gabriel García Márquez

Aspiro a que estas reflexiones sean un manual para que los niños se atrevan a defenderse de los adultos en el aprendizaje de las artes y las letras. No tienen una base científica sino emocional o sentimental, si se quiere, y se fundan en una premisa improbable: si a un niño se le pone frente a una serie de juguetes diversos, terminará por quedarse con uno que le guste más. Creo que esa preferencia no es casual, sino que revela en el niño una vocación y una aptitud que tal vez pasarían inadvertidas para sus padres despistados y sus fatigados maestros.

Creo que ambas le vienen de nacimiento, y sería importante identificarlas a tiempo y tomarlas en cuenta para ayudarlo a elegir su profesión. Más aun: creo que algunos niños a una cierta edad, y en ciertas condiciones, tienen facultades congénitas que les permiten ver más allá de la realidad admitida por los adultos. Podrían ser residuos de algún poder adivinatorio que el género humano agotó en etapas anteriores, o manifestaciones extraordinarias de la intuición casi clarividente de los artistas durante la soledad del crecimiento, y que desaparecen, como la glándula del timo, cuando ya no son necesarias.

Creo que se nace escritor, pintor o músico. Se nace con la vocación y en muchos casos con las condiciones físicas para la danza y el teatro, y con un talento propicio para el periodismo escrito, entendido como un género literario, y para el cine, entendido como una síntesis de la ficción y la plástica. En ese sentido soy un platónico: aprender es recordar. Esto quiere decir que cuando un niño llega a la escuela primaria puede ir ya predispuesto por la naturaleza para alguno de esos oficios, aunque todavía no lo sepa. Y tal vez no lo sepa nunca, pero su destino puede ser mejor si alguien lo ayuda a descubrirlo. No para forzarlo en ningún sentido, sino para crearle condiciones favorables y alentarlo a gozar sin temores de su juguete preferido. Creo, con una seriedad absoluta, que hacer siempre lo que a uno le gusta, y sólo eso, es la formula magistral para una vida larga y feliz.

Para sustentar esa alegre suposición no tengo más fundamento que la experiencia difícil y empecinada de haber aprendido el oficio de escritor contra un medio adverso, y no sólo al margen de la educación formal sino contra ella, pero a partir de dos condiciones sin alternativas: una aptitud bien definida y una vocación arrasadora. Nada me complacería más si esa aventura solitaria pudiera tener alguna utilidad no sólo para el aprendizaje de este oficio de las letras, sino para el de todos los oficios de las artes.

 

La vocación sin don y el don sin vocación

Georges Bernanos, escritor católico francés, dijo: “Toda vocación es un llamado”. El Diccionario de Autoridades, que fue el primero de la Real Academia en 1726, la definió como “la inspiración con que Dios llama a algún estado de perfección”. Era, desde luego, una generalización a partir de las vocaciones religiosas. La aptitud, según el mismo diccionario, es “la habilidad y facilidad y modo para hacer alguna cosa”. Dos siglos y medio después, el Diccionario de la Real Academia conserva estas definiciones con retoques mínimos. Lo que no dice es que una vocación inequívoca y asumida a fondo llega a ser insaciable y eterna, y resistente a toda fuerza contraria: la única disposición del espíritu capaz de derrotar al amor.

Las aptitudes vienen a menudo acompañadas de sus atributos físicos. Si se les canta la misma nota musical a varios niños, unos la repetirán exacta, otros no. Los maestros de música dicen que los primeros tienen lo que se llama el oído primario, importante para ser músicos. Antonio Sarasate, a los cuatro años, dio con su violín de juguete una nota que su padre, gran virtuoso, no lograba dar con el suyo. Siempre existirá el riesgo, sin embargo, de que los adultos destruyan tales virtudes porque no les parecen primordiales, y terminen por encasillar a sus hijos en la realidad amurallada en que los padres los encasillaron a ellos. El rigor de muchos padres con los hijos artistas suele ser el mismo con que tratan a los hijos homosexuales.

Las aptitudes y las vocaciones no siempre vienen juntas. De ahí el desastre de cantantes de voces sublimes que no llegan a ninguna parte por falta de juicio, o de pintores que sacrifican toda una vida a una profesión errada, o de escritores prolíficos que no tienen nada que decir. Sólo cuando las dos se juntan hay posibilidades de que algo suceda, pero no por arte de magia: todavía falta la disciplina, el estudio, la técnica y un poder de superación para toda la vida.Para los narradores hay una prueba que no falla. Si se le pide a un grupo de personas de cualquier edad que cuenten una película, los resultados serán reveladores. Unos darán sus impresiones emocionales, políticas o filosóficas, pero no sabrán contar la historia completa y en orden. Otros contaran el argumento, tan detallado como recuerden, con la seguridad de que será suficiente para transmitir la emoción del original. Los primeros podrán tener un porvenir brillante en cualquier materia, divina o humana, pero no serán narradores. A los segundos les falta todavía mucho para serlo -base cultural, técnica, estilo propio, rigor mental- pero pueden llegar a serlo. Es decir: hay quienes saben contar un cuento desde que empiezan a hablar, y hay quienes no sabrán nunca. En los niños es una prueba que merece tomarse en serio.


Las ventajas de no obedecer a los padres

La encuesta adelantada para estas reflexiones ha demostrado que en Colombia no existen sistemas establecidos de captación precoz de aptitudes y vocaciones tempranas, como punto de partida para una carrera artística desde la cuna hasta la tumba. Los padres no están preparados para la grave responsabilidad de identificarlas a tiempo, y en cambio sí lo están para contrariarlas. Los menos drásticos les proponen a los hijos estudiar una carrera segura, y conservar el arte para entretenerse en las horas libres. Por fortuna para la humanidad, los niños les hacen poco caso a los padres en materia grave, y menos en lo que tiene que ver con el futuro.

Por eso los que tienen vocaciones escondidas asumen actitudes engañosas para salirse con la suya. Hay los que no rinden en la escuela porque no les gusta lo que estudian, y sin embargo podrían descollar en lo que les gusta si alguien los ayudara. Pero también puede darse que obtengan buenas calificaciones, no porque les guste la escuela, sino para que sus padres y sus maestros no los obliguen a abandonar el juguete favorito que llevan escondido en el corazón. También es cierto el drama de los que tienen que sentarse en el piano durante los recreos, sin aptitudes ni vocación, sólo por imposición de sus padres. Un buen maestro de música, escandalizado con la impiedad del método, dijo que el piano hay que tenerlo en la casa, pero no para que los niños lo estudien a la fuerza, sino para que jueguen con él.

Los padres quisiéramos siempre que nuestros hijos fueran mejores que nosotros, aunque no siempre sabemos cómo. Ni los hijos de familias de artistas están a salvo de esa incertidumbre. En unos casos, porque los padres quieren que sean artistas como ellos, y los niños tienen una vocación distinta. En otros, porque a los padres les fue mal en las artes, y quieren preservar de una suerte igual aun a los hijos cuya vocación indudable son las artes. No es menor el riesgo de los niños de familias ajenas a las artes, cuyos padres quisieran empezar una estirpe que sea lo que ellos no pudieron. En el extremo opuesto no faltan los niños contrariados que aprenden el instrumento a escondidas, y cuando los padres los descubren ya son estrellas de una orquesta de autodidactas.

Maestros y alumnos concuerdan contra los métodos académicos, pero no tienen un criterio común sobre cuál puede ser mejor. La mayoría rechazaron los métodos vigentes, por su carácter rígido y su escasa atención a la creatividad, y prefieren ser empíricos e independientes. Otros consideran que su destino no dependió tanto de lo que aprendieron en la escuela como de la astucia y la tozudez con que burlaron los obstáculos de padres y maestros. En general, la lucha por la supervivencia y la falta de estímulos han forzado a la mayoría a hacerse solos y a la brava.

Los criterios sobre la disciplina son divergentes. Unos no admiten sino la completa libertad, y otros tratan incluso de sacralizar el empirismo absoluto. Quienes hablan de la no disciplina reconocen su utilidad, pero piensan que nace espontánea como fruto de una necesidad interna, y por tanto no hay que forzarla. Otros echan de menos la formación humanística y los fundamentos teóricos de su arte. Otros dicen que sobra la teoría. La mayoría, al cabo de años de esfuerzos, se sublevan contra el desprestigio y las penurias de los artistas en una sociedad que niega el carácter profesional de las artes.

No obstante, las voces más duras de la encuesta fueron contra la escuela, como un espacio donde la pobreza de espíritu corta las alas, y es un escollo para aprender cualquier cosa. Y en especial para las artes. Piensan que ha habido un despilfarro de talentos por la repetición infinita y sin alteraciones de los dogmas académicos, mientras que los mejor dotados sólo pudieron ser grandes y creadores cuando no tuvieron que volver a las aulas. “Se educa de espaldas al arte”, han dicho al unísono maestros y alumnos. A éstos les complace sentir que se hicieron solos. Los maestros lo resienten, pero admiten que también ellos lo dirían. Tal vez lo más justo sea decir que todos tienen razón. Pues tanto los maestros como los alumnos, y en última instancia la sociedad entera, son víctimas de un sistema de enseñanza que está muy lejos de la realidad del país.

De modo que antes de pensar en la enseñanza artística, hay que definir lo más pronto posible una política cultural que no hemos tenido nunca. Que obedezca a una concepción moderna de lo que es la cultura, para qué sirve, cuánto cuesta, para quién es, y que se tome en cuenta que la educación artística no es un fin en sí misma, sino un medio para la preservación y fomento de las culturas regionales, cuya circulación natural es de la periferia hacia el centro y de abajo hacia arriba.

No es lo mismo la enseñanza artística que la educación artística. Ésta es una función social, y así como se enseñan las matemáticas o las ciencias, debe enseñarse desde la escuela primaria el aprecio y el goce de las artes y las letras. La enseñanza artística, en cambio, es una carrera especializada para estudiantes con aptitudes y vocaciones específicas, cuyo objetivo es formar artistas y maestros como profesionales del arte.

No hay que esperar a que las vocaciones lleguen: hay que salir a buscarlas. Están en todas partes, más puras cuanto más olvidadas. Son ellas las que sustentan la vida eterna de la música callejera, la pintura primitiva de brocha y sapolín en los palacios municipales, la poesía en carne viva de las cantinas, el torrente incontenible de la cultura popular que es el padre y la madre de todas las artes.

 

¿Con qué se comen las letras?

Los colombianos, desde siempre, nos hemos visto como un país de letrados. Tal vez a eso se deba que los programas del bachillerato hagan más énfasis en la literatura que en las otras artes. Pero aparte de la memorización cronológica de autores y de obras, a los alumnos no les cultivan el hábito de la lectura, sino que los obligan a leer y a hacer sinopsis escritas de los libros programados. Por todas partes me encuentro con profesionales escaldados por los libros que les obligaron a leer en el colegio con el mismo placer con que se tomaban el aceite de ricino. Para las sinopsis, por desgracia, no tuvieron problemas, porque en los periódicos encontraron anuncios como éste: “Cambio sinopsis de El Quijote por sinopsis de La Odisea”. Así es: en Colombia hay un mercado tan próspero y un tráfico tan intenso de resúmenes fotostáticos, que los escritores armamos mejor negocio no escribiendo los libros originales sino escribiendo de una vez las sinopsis para bachilleres. Es este método de enseñanza -y no tanto la televisión y los malos libros-, lo que está acabando con el hábito de la lectura. Estoy de acuerdo en que un buen curso de literatura sólo puede ser una gema para lectores. Pero es imposible que los niños lean una novela, escriban la sinopsis y preparen una exposición reflexiva para el martes siguiente. Sería ideal que un niño dedicara parte de su fin de semana a leer un libro hasta donde pueda y hasta donde le guste -que es la única condición para leer un libro-, pero es criminal, para él mismo y para el libro, que lo lea a la fuerza en sus horas de juego y con la angustia de las otras tareas.

Haría falta -como falta todavía para todas las artes- una franja especial en el bachillerato con clases de literatura que sólo pretendan ser guías inteligentes de lectura y reflexión para formar buenos lectores. Porque formar escritores es otro cantar. Nadie enseña a escribir, salvo los buenos libros, leídos con la aptitud y la vocación alertas. La experiencia de trabajo es lo poco que un escritor consagrado puede transmitir a los aprendices si éstos tienen todavía un mínimo de humildad para creer que alguien puede saber más que ellos. Para eso no haría falta una universidad, sino talleres prácticos y participativos, donde escritores artesanos discutan con los alumnos la carpintería del oficio: cómo se les ocurrieron sus argumentos, cómo imaginaron sus personajes, cómo resolvieron sus problemas técnicos de estructura, de estilo, de tono, que es lo único concreto que a veces puede sacarse en limpio del gran misterio de la creación. El mismo sistema de talleres está ya probado para algunos géneros del periodismo, el cine y la televisión, y en particular para reportajes y guiones. Y sin exámenes ni diplomas ni nada. Que la vida decida quién sirve y quién no sirve, como de todos modos ocurre.

Lo que debe plantearse para Colombia, sin embargo, no es sólo un cambio de forma y de fondo en las escuelas de arte, sino que la educación artística se imparta dentro de un sistema autónomo, que dependa de un organismo propio de la cultura y no del Ministerio de la Educación. Que no esté centralizado, sino al contrario, que sea el coordinador del desarrollo cultural desde las distintas regiones del país, pues cada una de ellas tiene su personalidad cultural, su historia, sus tradiciones, su lenguaje, sus expresiones artísticas propias. Que empiece por educarnos a padres y maestros en la apreciación precoz de las inclinaciones de los niños, y los prepare para una escuela que preserve su curiosidad y su creatividad naturales. Todo esto, desde luego, sin muchas ilusiones. De todos modos, por arte de las artes, los que han de ser ya lo son. Aun si no lo sabrán nunca.

 

 

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