En la noche

“La noche se desploma inevitable sobre la infinitud de mi nostalgia. Siento su pesadumbre caer en silencio sobre la herida sangrante y un escozor del alma en carne viva me estremece, mientras un sordo llanto, sin lágrimas, inunda mis venas de una amargura cenicienta. Siento el hastío de las horas sin lucha, de las batallas sin terminar, de los sentimientos amordazados, de las luces que no amanecieron…  Su presencia informe gira lenta alrededor mío, como el ciego caminar del asno recorriendo la pisoteada circunferencia, cuando antaño hacía brotar el agua con la noria en el huerto del señor Carranza.

Hay muchas estrellas mirándome. Las miro y quiero hablar con ellas y ellas, conmigo. Pero ya no entiendo su lenguaje, su lenguaje cósmico cargado de respuestas luminosas. Un sopor intenso envuelve el paisaje roto de mi alma y me veo sumergido en la estúpida hipnosis de una extraña droga. No hay ensueños placenteros ni pesadillas angustiosas. Es un sueño tibio,  sin sabor ni color;  es un sueño mudo, un letargo de tumba olvidada.”

De “La herida”

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